¿Qué es la fibromialgia?

La fibromialgia es una patología y es una de esas enfermedades en las cuales para los afectados hay una constante: un largo peregrinaje por diferentes médicos y especialistas sin encontrar una respuesta concreta.

¿Por qué? Debido a que los estudios clínicos son normales, los síntomas son diversos, están “extendidos” a lo largo del cuerpo y para colmo de males, corresponden a muchas enfermedades diferentes.

“Sin embargo, en la consulta reumatológica y luego de que los pacientes nos digan no sólo ‘Dr. me duele todo’ sino además que sus familiares y médicos no les creen, los especialistas pensamos en la fibromialgia, recientemente reconocida por la Organización Mundial de la Salud como enfermedad, y caracterizada por los dolores múltiples y el cansancio generalizado”, comentó el integrante del staff de Reumatología del Hospital Universitario Austral (HUA), Dr. Pablo Maid, quien agregó que aproximadamente el 1% de la población convive con esta condición.

LOS SÍNTOMAS

Se cree que los síntomas de esta enfermedad se generan debido a la disminución de ciertas sustancias que habitualmente protegen a los seres humanos frente al dolor. El problema es que éstos, además de ser comunes a otras patologías, no tienen una causa conocida.

“Los estudios médicos en fibromialgia se han orientado a analizar si además de las alteraciones en los mecanismos preventivos frente al dolor existen lesiones en los músculos, alteraciones en el sistema inmunológico, anomalías psicológicas o problemas hormonales. Lo que se sabe -hasta ahora- es que el sistema nervioso de las personas con fibromialgia presenta niveles bajos de algunas sustancias importantes para la regulación del dolor como la serotonina. Además, se estableció que la ansiedad y la depresión juegan un rol importante en el agravamiento de los síntomas”, puntualizó el especialista.

Entre éstos también se cuentan la rigidez generalizada sobre todo al levantarse, y la sensación de hinchazón delimitada en manos y pies, además de hormigueos poco definidos que afectan en forma difusa las manos.

TAMBIÉN EL SUEÑO

Por otro lado, quienes padecen fibromialgia sufren alteraciones del sueño –permanentemente refieren que descansan mal y que se levantan más cansados de lo que se acostaron- y tienen poca tolerancia frente al ejercicio y el esfuerzo físico.

Por último, la depresión, las cefaleas, los dolores menstruales, el colon irritable (que produce episodios de diarrea y constipación), la sequedad en la boca y los trastornos de circulación, también están a la orden del día.

“Cabe aclarar que la fibromialgia puede presentarse como única alteración, en cuyo caso se la denomina primaria, o asociada a otras enfermedades (secundaria). Por ejemplo, se han descripto casos de fibromialgia que comenzaron después de procesos puntuales como infecciones, accidentes o situaciones de estrés (fibromialgia primaria); y otros que empezaron luego de que otra enfermedad conocida limite la calidad de vida del enfermo (artritis reumatoide, lupus eritematoso). En ese caso estamos frente a una fibromialgia secundaria, y lo que se sabe es que los agentes desencadenantes no causan la enfermedad, sino que probablemente la ‘despiertan’ en una persona que ya tiene una anomalía oculta en la regulación de su capacidad de respuesta a determinados estímulos”, explicó Maid.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

La identificación del problema se realiza en base a las molestias que refiere el paciente y a los datos de la exploración del enfermo. El médico identifica dolor frente a la presión en unos puntos determinados del cuerpo: cuando los dolorosos son más de 11 de los 18 existentes, se puede hacer el diagnóstico de fibromialgia.

Debido a que los análisis y las radiografías en esta enfermedad son normales, sólo sirven para descartar otras patologías que se puedan asociar a la fibromialgia; mientras que la resonancia nuclear, la tomografía computada y los estudios del sueño se reservan sólo para cuando el especialista los considera necesarios.

“En cuanto al tratamiento, lo primero que debemos decir es que no existe cura, aunque sí posibilidades de mejorar mucho la calidad de vida de los pacientes. En este sentido, luego de realizar el diagnostico, hay que trabajar sobre la explicación de la naturaleza de la enfermedad; la prevención de los factores agravantes como por ejemplo las malas posturas, el sobrepeso y la obesidad, y la realización de actividades deportivas de esfuerzo; el tratamiento de las alteraciones psicológicas asociadas si las hay, el cambio de comportamiento con medidas locales como infiltraciones y masajes y el uso de analgésicos y calmantes que aumentan la tolerancia al dolor, aunque éstos no deben ser el eje de la terapia”, detalló el especialista.

La realización de actividades deportivas “suaves” y de elongación como el yoga, la natación o el aqua gym en pileta climatizada es una muy buena alternativa, además de la actitud positiva que siempre debe estar presente. Otra cuestión que ayuda y mucho es el establecimiento de metas u objetivos a corto plazo como, simplemente, no dejar de realizar una actividad o ir a comprar algo.

“Por último, dado que se trata de una enfermedad que no produce daño articular, no suelen generarse secuelas. Por eso, el hecho de que el paciente experimente más dolor no significa necesariamente que haya un avance de la enfermedad. Por otro lado, el futuro respeto del tratamiento es esperanzador ya que las investigaciones están progresando con rapidez. Es cuestión de tiempo que estos adelantos se traduzcan en tratamientos más eficaces”, finalizó Maid.