Digamos juntas: “agradezco ser mujer” (poema)

La violencia de género implica una lucha que no cesa en la mayor parte del mundo. Es un problema que llena de dolor e indignación los corazones de todas las sociedades que habitan este planeta.

Malos tratos que atentan la salud y la vida de las féminas, son ejercidos de forma cotidiana y, muchas veces, enmarcados por la impunidad. Este mes, específicamente el día 25, se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En este espacio nos hemos dedicado a hablar de varios tópicos relacionados con la violencia que se ejerce, frecuentemente, contra las mujeres; sin embargo, hoy quiero hacer un reconocimiento a nuestro género a través de un maravilloso poema escrito por Tatiana Lobo, una magistral autora latinoamericana.

Este poema deliciosamente escrito nos da un claro ejemplo de orgullo, inspiración, fuerza y agradecimiento por pertenecer al género femenino, a pesar de las notables circunstancias que, histórica y culturalmente, hemos padecido.

Antes de deleitarnos con esos versos, hablemos un poco sobre la autora: Tatiana Lobo Wiehoff, nació en Puerto Montt, Chile en 1939. Reside en Costa Rica desde 1963, país en el que ha desarrollado toda su obra literaria, la cual abarca distintos géneros: novela, cuento y teatro.  Estudió teatro y pintura en la Universidad de Chile y cerámica en Madrid. En Costa Rica recibió el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría por dos de sus obras, y además el Ancora, que es otorgado por el periódico La Nación. Parte de su trabajo se ha traducido al inglés, francés y alemán.  Pero no nos entretengamos más. A continuación el poema titulado:

AGRADEZCO SER MUJER

Agradezco ser un animal,
porque los hombres han puesto en peligro
la supervivencia del planeta.

Agradezco ser hembra,
porque el hombre no es el centro del universo,
sino apenas un eslabón más
en la cadena de la vida.

Agradezco que me digan que soy irracional,
porque la razón ha conducido
a los peores actos de barbarie.

Agradezco no haber inventado la tecnología,
porque la tecnología ha envenenado
el agua y el ozono.

Agradezco que me hayan colocado
más cerca de la naturaleza,
porque nunca estaré sola.

Agradezco que me hayan confinado
al hogar y a la familia,
porque puedo hacer de toda la Tierra
mi hogar y mi familia.

Estoy feliz de que me llamen ama de casa,
porque puedo apoderarme de la mía.

Estoy feliz de no ser competitiva,
porque entonces seré solidaria.

Estoy feliz de ser el reposo del guerrero,
porque puedo
cortarle el pelo mientras duerme.

Estoy feliz de que me hayan excluido
del campo de batalla,
porque la muerte no me es indiferente.

Estoy feliz de haber sido excluida del poder,
porque lejos del poder
me alejo de la ambición y la codicia.

Estoy feliz de que me hayan excluido
del arte y la ciencia,
porque los puedo inventar de nuevo.

Me agrada saber que dicen que mi cerebro
es más pequeño que el del hombre,
porque entonces
mi cerebro cabe en todas partes.

Me agrada que me digan que carezco de lógica,
porque entonces
puedo crear una lógica menos fría y más vital.

Me agrada que me digan que soy vanidosa,
porque puedo mirarme al espejo
sin sentirme culpable.

Me agrada que me digan que soy emocional,
porque puedo llorar y reír a gusto.

Me agrada que me digan que soy histérica,
porque entonces puedo lanzar platos
a la cabeza de quien intente hacerme daño.

 

Me gusta que me llamen bruja,
porque entonces puedo cambiar
la dirección de los vientos a mi favor.

Me gusta que me llamen demonio,
porque puedo quemar
el lecho donde me abusan.

 

Me gusta que me llamen puta,
porque entonces puedo hacer el amor
con quien me dé la gana.
Me gusta que me digan débil,
porque me recuerdan
que la unión hace la fuerza.

Me gusta que me digan chismosa,
porque nada de lo humano me será ajeno.

Pero lo que más agradezco,
lo que más me agrada,
lo que más me gusta
y lo que me hace más feliz,
es que me digan loca,
porque entonces ninguna libertad
me será negada.

Una y mil veces me quemó la Inquisición
y aprendí a nacer de las cenizas.

Me encerraron en un harén
y encerrada no dejé de reír.

Me pusieron un cinturón de castidad
y adquirí las artes de un cerrajero.

 

Cargué fardos de leña y me hice fuerte.

Me pusieron velos en la cara
y aprendí a mirar sin ser vista.

Me despertaron los niños a medianoche
y aprendí a mantenerme en vigilia.

No me enviaron a la Universidad
y aprendí a pensar por mi cuenta.

Transporté cántaros de agua
y supe mantener el equilibrio.

Me extirparon el clítoris
y aprendí a gozar con todo el cuerpo.

Pasé días bordando y tejiendo
y mis manos aprendieron
a ser más exactas
que las de un cirujano.

Segué trigo y coseché maíz,
pero me quitaron la comida
y con hambre aprendí a vivir.

Me sacrificaron a los dioses
y a los hombres
y volví a vivir.

Me golpearon y perdí los dientes
y volví a vivir.

Me asesinaron y me ultrajaron
y volví a vivir.

Me quitaron a mis hijos
y en el llanto volví a la vida.

Con tanta fortaleza acumulada,
con tantas habilidades y destrezas aprendidas,
Mujer, si lo intentas,
tú puedes dar vuelta el mundo…

 

 

 

Tatiana Lobo

 

Mujer, solo me queda una recomendación: ¡GUARDA ESTOS PENSAMIENTOS  EN TU MENTE Y EN TU CORAZÓN! Y no olvidemos que erradicar la violencia contra las mujeres y la discriminación es de vital y urgente necesidad.

 

¡Hasta la próxima semana!

Sara Díez

www.crisalidaperenne.com

1 Comentario

  1. gracias Sara por darnos una razon para seguir en la lucha , aunque sienta que estoy perdiendo la batalla

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