18 fotografías que revelan posesión y dominación

Muchas veces, un abrazo, una mirada, una actitud, una palabra suelen confundirse con muestras de amor, cuando en realidad son señales de posesión, de dominación, de control, de sometimiento.

Debemos estar muy alertas a cualquier señal, por sutil que sea, pues recordemos que la violencia comienza con signos que pueden pasar desapercibidos o que consideramos normales, pero con el tiempo avanzarán y podrían convertirse en actos realmente peligrosos. Y para muestra comparto parte de mi experiencia…..
Es innegable que aún, en este siglo, persistan los casos de violencia machista. Como sociedad, no hemos podido disminuir y, mucho menos, erradicar ningún tipo de violencia en ninguna de sus manifestaciones. No hemos podido eliminar estereotipos, ideas sexistas ni mitos. Tampoco han desaparecido la discriminación ni la impunidad. Todavía subsiste la idea de la supremacía de lo masculino sobre lo femenino, así como la concepción patriarcal de posesión y control respecto de las mujeres.

Dicen que una imagen vale más que 1000 palabras… y lo confirmo con asombro.

Hace algunos días decidí poner en orden algunos documentos personales y, junto con ellos, una gran colección de fotografías familiares que se fueron almacenando desde mucho, pero mucho tiempo atrás.

Son fotografías, básicamente familiares, desde mi adolescencia hasta hace casi 2 o 3 años, pues ahora con los avances tecnológicos, ya no es necesario revelarlas o imprimirlas, simplemente se guardan en memorias USB o de otro tipo, lo cual nos ahorra espacio y tiempo.

 

Pero como años atrás no existían smartphones ni aplicaciones,  mi archivo personal de fotografías en papel se hizo bastante extenso.

Debido al número incalculable de fotografías que tenía acumulado y también a la enorme cantidad de recuerdos que cada una de ellas representa en cada etapa, no me atrevía a ordenarlas en cajas destinadas para ello. Simplemente las tenía regadas por todos lados… hasta que me decidí arreglar ese desorden.

 

Obviamente, muchos de los momentos que se pueden apreciar en muchas de esas imágenes, los tenia presentes, otros no. Al verlas, pude hacer un recorrido mental y emocional de cada etapa, de cada instante, de cada persona… y de mi misma a través del tiempo.

 

Recordé detalladamente cada etapa:  como hija, de soltera, de casada, de mamá…. todo estaba ahí. Momentos como Navidades, cumpleaños, paseos, eventos escolares de mi hija, vacaciones, fiestas, despedidas, mi boda, etc, etc fueron adueñándose de mi memoria, sin embargo, tal vez debido a la madurez que se adquiere con los golpes, al tiempo que ha transcurrido, o a cualquier otro motivo, las emociones ya no se sienten como antes. Pude ver aquellos recuerdos más objetivamente, desde otra perspectiva, con mayor raciocinio. Ver a ciertas personas que ya no están en mi vida, no me causó ningún dolor, como el caso de mi ex marido. Posiblemente, porque desde que el proceso de mi divorcio terminó (y el que duró cerca de 5 años), decidí cerrar el cicloemocional con mi pasado, sobre todo el referente a mi matrimonio.

 

Desde que me separé de él, opté por no desahacerme de ninguna fotografía, y las guardé todas, incluyendo donde aparece él, principalmente por dos razones: 1) ¿por qué debía tirar algo visual si la realidad indica que él estuvo presente en muchos eventos y momentos? 2) Las conservé por mi hija, tal vez  ella quiera recordarlas en el futuro.

Durante todos estos años que se mantuvieron guardadas,  mis emociones no se encontraban en óptimas condiciones, debido al  divorcio, a los problemas de subsistencia, a la recuperación del proceso y a todo ese tipo de trances, así que opté por no recurrir a las fotografías. Hasta que de la nada, sentí que ya era el momento indicado de sacarlas, verlas y archivarlas ordenadamente. Mientras realizaba esta tarea,  a veces junto a mi hija, otras yo sola, pude comprobar que ya nada movía mi estabilidad… ¡¡hasta que descubrí con gran asombre algo que, honestamente, nunca antes había percibido!!

 

Como muchas lectoras y lectores saben, mi ex marido siempre se caracterizó por ser una pareja controladora, manipuladora, narcisista y violenta, lo cual, finalmente me llevó a decidir por terminar con la relación. Siempre dio muestras de su forma de ser, pero nunca me di cuenta que podía revelarlo a través de las imágenes, hasta ese día que lo descubrí.

 

Observé, con gran sorpresa,  que en la mayoría de las fotografías donde aparecemos él y yo juntos, se repetía un patrón. La forma en que él me “abraza” o me toma para posar frente a la cámara, refleja  una manera más de manifestar que yo era de su propiedad.

 

¿Qué significa? Veamos algo acerca de la importancia del lenguaje corporal

 

El lenguaje corporal es tan comunicativo y evidente como las palabras. 

 

El cuerpo tiene su propio lenguaje, es un idioma mudo, pero tan expresivo que comunica mucho mas que las palabras

 

Expertos dicen que el lenguaje corporal maneja el 65 por ciento de la comunicación, las palabras son el 35 por ciento restante; en la transmisión de un mensaje influyen más el tono y los matices que las palabras, estas pueden llegar a engañar pero los gestos corporales son delatores. La expresión facial es, junto con la mirada, el medio más rico e importante para expresar emociones y estados de ánimo.

 

El lenguaje corporal trasmite un mensaje por medio de poses, movimientos o gestos; delata completamente los sentimientos o percepción acerca de la persona con la que está interactuando.

El cuerpo refleja lo que sentimos frente a determinadas situaciones, contextos y personas independientemente de lo que decimos.

Específicamente,  tratándose de una persona violenta, no existe ninguna diferencia. Un agresor, ya sea golpeador o no, también manifiesta con el cuerpo su forma de ser, ya sea prepotente, si se siente superior, si está a la defensiva, si va a atacar… o si cree que algo o alguien es de su propiedad.

 

Y para muestra basta un botón (como es costumbre, omito el nombre del susodicho y su rostro, para respetar su privacidad):
Confieso que, la primera impresión que me causaron estas imágenes, fue pensar en una clase de defensa personal, donde se practican esas famosas «llaves» que tienen como finalidad someter a otra persona… algo así como la imagen de la izquierda. ¿No parece que él estuviera practicándola en cada imagen? ¡Qué indignante!

Eres de mi propiedad y te someto

Lejos de ver esto con algo de «humor negro», la realidad es que la forma en que en cada imagen me toma (que por cierto,  pertenecen a diferentes etapas de nuestra vida en común a lo largo de casi 20 años), indica la forma en la que siempre fui tratada: como un objeto de su propiedad, sin valor, sin decisión, sin opción…. Se nota, bajo el criterio del susodicho, que debo mantenerme sometida a su voluntad. Y así fue, mi falta de autoestima, de información y tal vez debido a la  indefensión adquirida a lo largo de los años, me cegaron y me convirtieron en un ser dependiente, anulado (como puede verse en las imágenes). Por cierto, en la última fotografía (último recuadro), la otra persona a quien tiene tomada de la misma forma que a mi, es mi hija.

 

Y si no es suficiente con esa muestra, aquí van otras imágenes más que reflejan la idea de posesión y de superioridad que mi ex siempre mantuvo frente a mí:

Debemos reconocer que en esta sociedad, como en muchas más, persiste una cultura imperante en la que muchos hombres creen que la mujer es de su propiedad,  y por eso la humilla, la anula, la golpea, y hace un ejercicio de poder en todo momento, ejerciéndolo de las formas más sutiles y, a veces, manifestándolo de formas muy salvajes o hasta irremediables.

Muchas veces se dice que un hombre que maltrata  a las mujeres (ya sea a través de la violencia emocional, económica y/o física), es un enfermo o adicto, pero no es así, hay que recordar que la mayoría de los maltratadores no son violentos frente a su par, solo actúan con violencia frente a quienes creen más débiles (sus parejas, principalmente).  Es más, la mayoría de los sujetos maltratadores (como el que aparece en las imágenes anteriores) van por la vida con otra careta, aparentando ser hombres serios, responsables y hasta respetuosos, pero es en la privacidad de los hogares cuando desatan su verdadera identidad abusiva.

Contrario a lo que a veces pensamos, la violencia no implica sólo golpes o insultos. Tiene formas muy sutiles, que son justo las más peligrosas, ya que es mucho más difícil detectarlas en nuestra propia relación. En efecto, hay formas de violencia que no son brutales, que son naturalizadas, y que paulatinamente van llevando a formas más extremas de agresión. Nadie empieza golpeando o matando. Las primeras manifestaciones de violencia hacia las mujeres suelen ser el control, la manipulación, las bromas hirientes, las prohibiciones disfrazadas de amor o preocupación, el aislamiento, volver dependiente emocional y económicamente a la mujer, las humillaciones y, como hemos visto, las manifestaciones de “eres de mi propiedad” a través del lenguaje corporal.

¿Te suena familiar?
«Me cela porque me quiere»; «no me deja salir con mis amigas porque tiene miedo de que me pase algo»; «no quiere que trabaje porque quiere darme todo» “Me empujó porque estábamos jugando” o “Me dice gorda de cariño”. ¿Cuántas veces no hemos escuchado a alguna amiga (o a nosotras mismas) decir que su novio la cela hasta el cansancio, con el argumento de “yo confío en ti, pero no en tus amigos”?. O que el marido le sugiere cómo vestir, quiénes deben ser sus amigas, se inmiscuye en sus asuntos profesionales o, entre broma y broma, le dice cosas que no le gustan, como que es una inútil,  fea o algo tonta. A veces, con el pretexto de estar jugando, él la empuja o la trata con indiferencia cuando no hace algo para complacerlo. Los pequeños actos de dominación son tan cotidianos que parecen normales. Empiezan con una sencilla falta de respeto, con apodos ofensivos, empujones “en broma”, chantaje, manipulación, celos, control, con una burla, con una mentira, con manipulación, o un abrazo que indique “eres de mi propiedad y por tanto te trato como yo quiero”.

Todas las conductas descritas anteriormente van minando la autoestima de las mujeres, quienes, generalmente las mujeres vemos esas conductas como algo muy normal y hasta las justificamos, pero en realidad NO tienen justificación alguna, al contrario, cada uno de esos comportamientos solo denotan una falta absoluta de respeto hacia nosotras.  Lamentablemente muchas veces tocamos la realidad cuando se llega a los golpes, y es cuando puede comprobarse que la violencia NO es un juego,  por el contrario, es una evidencia de que la relación estaba repleta de violencia. Y no debemos llegar a eso.

 

 

Como vemos, la violencia tiene más de un rostro y se presenta en diferentes etapas de la relación. Por tanto, no debemos permitir en la práctica, en la realidad cotidiana, los comportamientos y las mentalidades que muchos hombres demuestran, como que las mujeres somos de su propiedad.

 

¡¡Peligro!!

 

Como hemos dicho, la mayoría de las veces, las mujeres que viven inmersas en una relación violenta (con golpes o sin ellos) no se reconocen como víctimas, aunque a veces pueden reconocer su miedo, su sufrimiento o su malestar. Pero no se atreven a aceptar que padecen violencia y agresión ejercida por la persona que aman.  Mientras más tempo se pase en una relación violenta, será más difícil aceptarlo, reconocerlo y actuar ante esto.

 

Lo alarmante de la violencia en la pareja es que tiende a crecer y a intensificarse. Si la mujer no reacciona, estos actos se transforman progresivamente en verdaderas conductas perversas que tienen graves consecuencias para la salud psicológica y física de las víctimas.
DEL ABRAZO A LOS GOLPES

 

Una de las características de los golpeadores es que no controlan sus impulsos con la pareja y en muchas ocasiones tampoco con los hij@s.  Si has notado algunas señales de violencia dentro de tu relación, pero no ha llegado a los golpes… ¡¡TEN CUIDADO!!  Aléjate de inmediato.

 

Algunas actitudes que muestran los agresores previo a la agresión física son (NOTA: No es una regla, son indicadores, lo ideal es que no esperes a que las cosas lleguen a un nivel de riesgo):

 

· Contacto visual sostenido y ceño fruncido.
· Rostro colorado.
· Vena del cuello marcada.
· Respiración superficial.
· Hipermovilidad, manoteo, señalarnos con el dedo en gesto de retaliación.
· Contacto físico, distancia cerrada (se acerca más hacia nosotras).
· Gritos, incapacidad de armar oraciones coherentes y presencia de monosílabos.
· Amenazas o promesas de hacer daño

 

Alguna o la suma de estas señales indican que estamos frente a una persona que está a punto de atacar y por lo tanto es altamente peligrosa.  ALÉJATE CUANTO ANTES.

 

Si llegas a estar frente a alguien que manifiesta estas señales recuerda:

 

· Mantente fuera del alcance del agresor. No sólo porque nos permite anticipar un ataque, sino que será nuestra medida para verificar qué tan dispuesto está a agredir (si avanza repetidamente hacia nosotros cerrando la distancia es mala señal).

 

· No te mantengas cerca de ventanas o de lugares con mayor riesgo (evita estar cerca de cuchillos, utensilios filosos, armas, etc)

 

·  Huye en cuanto puedas.

 

COLOFÓN:
Hoy me encuentro lejos de ese sujeto. Tardé 20 años en darme cuenta que vivía dentro de un circulo de violencia psicoemocional y económica que casi destruyen por completo mi autoestima y mi dignidad.

Sí, estuve ciega…  ciega por amor en un principio, por no valorarme a mi misma, por confusión, por ignorante, por miedo, por depender de él para comer un pan y hasta para saber qué talla de pantalones debía usar, por temor a creer que no podía subsistir por mi misma, por el que dirán y por mil pretextos más… pero estas fotografías me han servido para recordar que nunca más debo regalar mi dignidad a nadie, no estoy dispuesta a cometer otra vez los mismo errores.

Tal vez las experiencias que he compartido, no solo hoy, sino en muchos otros artículos publicados en mis blogs, puedan servir  a muchas otras mujeres, jóvenes o no. Y por eso les recuerdo…

 

MUJERES:

 

NADA NI NADIE DEBE TENER EL PODER SOBRE NOSOTRAS.

 

No  entreguemos a nadie nuestra identidad ni nuestra  dignidad.

 

Mantengámonos siempre alertas a las señales, aún ante las más sutiles.

 

Nunca olvidemos que, sin excepción,  merecemos ser tratadas como lo que somos: mujeres dignas, valerosas y dueñas de nosotras mismas.
Nunca permitamos ser tratadas como un objeto de la propiedad de nadie. 
La violencia NO  es un problema de la mujer, sino de la sociedad en general.